martes, 24 de febrero de 2009

ORGANIZACIÓN DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA BAJO EL ENFOQUE CTS.

Durante las decadas de los 50 hasta los 80, en América Latina se puso en práctica una política de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) mediante modalidades de proteccionismo de la industria manufacturera local, como producto del “manifiesto Prebischiano” de Raúl Prebisch, el cual encierra entre uno de los tres grandes escritos, el siguiente: "La propagación universal del progreso técnico desde los países originarios al resto del mundo ha sido relativamente lenta e irregular" (Prebisch, 1951, p. 1). Esta afirmación, con la que se inicia la que es quizas su obra mas conocida, tiene dos implicaciones metodológicas fundamentales. La primera es el reconocimiento del papel clave que tiene el progreso técnico en el crecimiento económico y, por ende, la importancia que revisten para los países en desarrollo los canales por los cuales dicho progreso se transmite desde los "países originarios": la demanda derivada de materias primas; la transferencia de tecnología como tal, incluida aquella incorporada en equipos productivos; el traslado a países en desarrollo de ramas productivas "maduras" en los países industrializados, y la participación de los paises en desarrollo en sectores de dinamismo tecnológico. La segunda es la incapacidad de analizar la dinamica de los paises en desarrollo con independencia de su posicion dentro de la economia mundial. Sus procesos de desarrollo son cualitativamente diferentes a los de las naciones mas avanzadas. Esto implica que no hay "etapas de desarrollo" uniformes, que el "desarrollo tardio" --el "capitalismo periferico", para emplear su propia terminologia-- tiene una dinamica diferente a la de las naciones que experimentaron un desarrollo mas temprano y se transformaron en el "centro" de la economia mundial.

En el marco de la referida política dejaron de importarse bienes finales manufacturados pero comenzaron a importarse los bienes de capital necesarios para la fabricación de aquéllos en el ámbito local, así como la tecnología demandada por los procesos industriales respectivos. Por todo ello se pagaban a los proveedores las regalías y licencias correspondientes, con la finalidad de obtener el conocimiento necesario.

Entre los empresarios que se amparaban en las ventajas proporcionadas por el estado para el desarrollo de las industrias locales, predominaba la idea que se estaban importando máquinas y procesos que constituían la materialización de tecnologías supuestamente “maduras”. Ello quería decir que el posible cambio de esas tecnologías o la sustitución de las mismas por nuevas tecnologías más competitivas, no estaba en el horizonte de las preocupaciones de quienes impulsaron y/o protagonizaron las referidas políticas.

En consecuencia, mientras en nuestros países las fábricas diseñadas de acuerdo con esas tecnologías “maduras” que provenían de fuera de fronteras, se mantuvieron produciendo para los mercados internos protegidos por barreras arancelarias cada vez más altas, en los países centrales la aplicación de la ciencia a los procesos productivos en su más amplia acepción, transformaba las referidas tecnologías generando nuevos productos, procesos y modelos de gestión, más competitivos que aquéllos que se sustentaban en las tecnologías que se habían exportado a la periferia.

Podría decirse que en el sur se trataron de reproducir los modelos ya existentes de la industrialización. Se trajeron las máquinas, los diseños, los diagramas de flujo, los manuales de operación y mantenimiento pero, localmente no se reprodujeron los “núcleos creativos locales” (NCL) de base científico tecnológico, capaces de mejorar la eficiencia de los procesos productivos, engendrar nuevos productos y agregar valor a la elaboración de las materias primas para las cuales se poseían ventajas naturales. La dimensión de creatividad social asociada a todo proceso de industrialización sustentable, quedó fuera de las preocupaciones de quienes orientaron dicho proceso. El tejido social capaz de inventar y de llevar el invento desde la idea a su uso social, siguió radicando, en lo esencial, en los países desarrollados, salvo en algunas disciplinas agrícolas donde la especificidad de lo local obligó a la investigación para efectuar la adaptación tecnológica.

En tanto el conocimiento tecnológico necesario que soportaba el referido desarrollo industrial se trajo desde afuera de la región, no se generó demanda alguna que impulsara la producción local de conocimientos y que sustentara la creación de los referidos NCL. Las empresas que se creaban, salvo contadas excepciones, carecían de departamentos especializados de investigación y desarrollo (I+D) y tampoco, salvo excepciones y en ámbitos muy restringidos, los gobiernos estimularon NCL basados en ciencia y tecnología vinculados a los referidos procesos de industrialización.

Cuando los países de América Latina y el Caribe cayeron en la cuenta de su marginación respecto a los nuevos escenarios de la economía y la política internacionales, alzaron sus voces para instalar la problemática del desarrollo en la agenda de temas prioritarios de la comunidad internacional. Por efecto de aquellas presiones fue creada la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), como un organismo especializado en la economía latinoamericana y la cuestión del desarrollo fue reconocida como la prioridad estratégica fundamental para la región.

En este orden de ideas, muchos de los países latinoamericanos comenzaron a abrir el campo de la política científica y tecnológica. Partiendo de la década de los cincuenta y con más ainco en los setenta, muchos de ellos crearon instituciones destinadas a la política, el planeamiento y la promoción de la ciencia y la tecnología bajo la forma de Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología. Aquellas acciones fueron en muchos aspectos discontinuos y contradictorias, pero en otros exhibieron una notable continuidad debido a que, en general, fueron diseñadas siguiendo las pautas organizativas y la concepción general que difundieron activamente la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (UNESCO) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ambas organizaciones “sembraron la idea de que la ciencia y la tecnología eran una usina de crecimiento, en un rico suelo fertilizado por el deseo de la modernización y el desarrollo“. Esta afirmación causo especial interés en los entes nacionales incluyendo agencias gubernamentales y las universidades, donde fue clave la formulación de políticas de apoyo de Ciencia y Tecnología.

Esta formulación de políticas científicas y tecnológicas que se produjo en América Latina y el Caribe a partir de los 50 produjo varios resultados. Hubo un fuerte proceso de institucionalización, tanto de la investigación científica y tecnológica como de distintos mecanismos de desarrollo en el sector: sistemas de promoción del I+D, legislación en transferencia de tecnología, planificación de la ciencia, métodos de diagnóstico de recursos, sistemas de fijación de prioridades tecnológicas, etc. Los resultados más destacables de este período han sido: profesionalización de las actividades científicas, fortaleciéndose tanto la figura del académico como la del asalariado de organismos públicos sectoriales o de laboratorios del I+D de empresas públicas; creación de organismos de promoción y planificación de ciencia y tecnología con una serie de prácticas de evaluación, asignación de recursos y difusión de resultados; creación de organismos sectoriales de investigación tecnológica en áreas prioritarias para las economías nacionales, en el marco de un modelo económico basado en la industrialización por sustitución de importaciones como principio de desarrollo económico, y en algunas prioridades militares; importantes laboratorios tecnológicos en las grandes empresas públicas, sobre todo extractivas e industriales.

Durante las décadas de los 60´s y 70´s, las actividades de ciencia y tecnología se llevaron a cabo sobre la base del esfuerzo casi exclusivo del Estado, incluyendo la actividad de participación e investigación de las universidades públicas. Independientemente del hecho de que estos esfuerzos no provocaron una dinámica sostenida de innovación en el conocimiento y en la economía (predominó en muchos sectores el divorcio entre investigación y producción), se desarrollaron dos modelos contiguos de investigación en ciencia y tecnología con consignas y misiones claras y fuentes de legitimidad para sus funciones: a) por una parte, la ciencia académica, basada principalmente en las universidades es incorporada a la comunidad científica internacional, de quien recibe su legitimidad, orientaciones y formas de organización, apoyándose en los criterios de calidad y excelencia; b) por otra parte, una actividad tecnológica, sustentada sobre todo en organismos sectoriales, y legitimada por un aparato de planificación estatal destinado a la resolución de problemas prácticos y a la transferencia de tecnologías al sector productivo o de defensa. Ambos, financiados por el Estado, respondían, sin embargo, a lógicas diferentes.

La crisis de la década los ochenta, conocida como “década perdida” muchos gastos poca efectividad en los países latinoamericanos, produjo una ruptura en la confianza de que existía un camino hacia el desarrollo endógeno y dio lugar, en cambio, a políticas de ajuste, estabilización y apertura de las economías, que fueron consideradas como un paso necesario para intentar la vía alternativa ofrecida por la globalización.

Cabe señalar que hubo dos elementos claves durante este período: a) el cambio de rol del Estado, es decir, la disminución de sus funciones reguladoras y productivas; b) la apertura de las economías al comercio y a la competitividad internacional.

El primero sobre el cambio de rol del Estado, tuvo una repercusión directa sobre el financiamiento estatal de la investigación y el segundo, la apertura de la economía, tuvo un impacto equívoco sobre la demanda de investigación en ciencia y tecnología. En tal sentido, el supuesto de la competitividad exigiría a las empresas locales abastecerse de conocimientos nuevos, a fin de no quedar desplazados del concierto internacional o de encontrar nichos novedosos de mercado donde poder desempeñarse; por cuanto la apertura obligaría a una homogeneización tecnológica mayor, por lo que la transferencia internacional de productos se convertiría en el instrumento clave del aumento de la competitividad.

En la década del 90 comienza a vivirse nuevamente en la región, una suerte de riqueza aparente, que es consecuencia de la profundización de la referida política de liberalización (del comercio, del mercado de capitales y del sector financiero). Política fuertemente alentada desde los mercados financieros y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, en el marco de la cual, el país periférico se convierte en un ávido comprador a costa de su endeudamiento externo.

Gran parte de las industrias latinoamericanas que operan hacia el mercado interno se ve enfrentada a competir con productos extranjeros cuyos precios en moneda local son muy bajos y por lo tanto es obligada a cerrar como industria y reconvertirse como comercio importador.

Se trata de una política desindustrializante, que desmantela el aparato productivo y no impulsa la competitividad de las empresas nacionales mediante el desarrollo (adaptación, mejora, creación) de las tecnologías.

La fuente principal de oferta de tecnología proviene del exterior. Se diluye el concepto de sistema nacional de ciencia y tecnología autocentrado en objetivos propios y en el aumento de la oferta endógena de conocimientos. Los ejes del cambio técnico y de la capacitación de recursos humanos radican en la asociación al orden mundial y a la demanda de personal por el mercado. Las decisiones públicas en este campo se reducen a la aceptación de las normas sobre la propiedad intelectual incorporadas en la Organización Mundial de Comercio (OMC), reforzadas por las presiones de los Estados Unidos y la Unión Europea sobre el régimen de patentes farmacéuticas, tecnologías agrícolas y de otros tipos.

Aspectos relativos a la Financiación

La inversión en I+D de los países de América Latina y el Caribe, tanto en valor absoluto, como en relación con el PIB, mostró durante las últimas décadas, una tendencia levemente creciente e irregular.

En la actualidad nos encontramos con la distribución en inversiones en I+D que muestra la siguiente gráfica:


Cuando se compara la magnitud del esfuerzo regional de América Latina y el caribe (ALC) con relación a su producto, las cifras ponen de manifiesto una debilidad muy notoria. Mientras el PBI de Estados Unidos cuadruplica al de América Latina y el Caribe, su inversión en I+D es más de 20 veces mayor que la latinoamericana. Dicho de otro modo, el esfuerzo de los países de la región en ciencia y tecnología es inferior al que les correspondería realizar tomando en cuenta el valor del producto regional.

El conjunto de los países de ALC dedican de media algo más del 0,6 % de su Producto Interior Bruto a I+D. Además, esta inversión se concentra en Brasil, México y Argentina. En la Unión Europea, en cambio, el porcentaje alcanza el 1,7% del PIB (y se ha fijado como meta global alcanzar el 3%), en Estados Unidos alcanza el 2,8% Cabe destacar igualmente las importantes inversiones realizadas en países asiáticos como Japón (3,13%), Corea del Sur (2,52%) y otros como China e India en los cuales, aunque la inversión es algo inferior, la tendencia de los últimos años hace pensar en un aumento progresivo de sus inversiones en I+D.

Solamente Brasil logra superar el umbral del 1% del PIB sugerido hace ya varias décadas por organismos especializados.

El indicador de inversión en I+D por sector de financiamiento muestra que en América Latina y el Caribe poco más del 60% de la I+D es financiada por el presupuesto público y sólo un tercio por las empresas. Esta estructura de financiamiento contrasta con la de los países industrializados.

En ellos, aproximadamente las dos terceras partes de los recursos para I+D provienen de las empresas. Japón configura un caso extremo, con una participación empresarial del 82%. En Estados Unidos, casi el 65% de la I+D es financiada por las empresas. La situación de Canadá, en la cual esta porción sobrepasa el 60%, se aproxima a la de Europa (64%).


A su vez, los gastos en I+D por habitante muestran que el gasto que se realiza en Brasil equivale a 36,67 dólares por persona por año. La cifra para Argentina es US$ 34,76/hab., para Uruguay, de 14,39, y para Paraguay de 0,98. El mismo dato en el caso de los Estados Unidos equivale a 940,35 y en Canadá a 445,23 mientras que en España este valor es de 132,31 US$/hab.

Tendencias Actuales de la Cooperación Internacional en Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación en ALC

Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

Desde 1962 el BID ha financiado más de 50 proyectos para el sector de ciencia y tecnología por 1.700 millones de dólares en América Latina y el Caribe. Incluyendo educación superior e investigación agrícola el monto supera los 3.100 millones de dólares. El financiamiento del Banco ayudó a crear algunas de las instituciones científicas públicas en toda la región, capacitar a más de 25.000 investigadores y fortalecer más de 120 universidades y centros de excelencia, desarrollar vínculos entre los sectores empresario y académico y estimular la innovación tecnológica.

La Estrategia de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo del BID (2001) establece que el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología y la innovación son esenciales para el crecimiento económico, la competitividad y el alivio de la pobreza. En cumplimiento de esta meta, el Banco ha establecido un nuevo departamento de Educación, Ciencia y Tecnología. También está incrementando el flujo de asistencia técnica mediante el nuevo Fondo Coreano para Tecnología e Innovación que complementa los préstamos y estimula la comunicación y la interacción entre el BID y otras organizaciones.

En Junio del 2007, el BID aprueba un monto de US$ 150.000 para el proyecto “Fortalecimiento del Sistema de Información sobre la Red Interamericana de Ciencia, Tecnología e Innovación”, cuyo objetivo es contribuir a establecer un modelo sostenible para el fomento, difusión y análisis de las políticas de ciencia, tecnología e innovación en los países de América Latina y del Caribe.

Banco Mundial

El Banco Mundial tiene como gran desafío actual en apoyar proyectos cuyas acciones apoyen las Metas de Desarrollo del Milenio, que buscan combatir la pobreza y alcanzar un desarrollo sostenido. Estos objetivos representan para el Banco la re-evaluación de sus metas y criterios para medir los resultados.

En lo que corresponde a ALC la tendencia reciente ha sido la apoyar diversos proyectos relacionados con el sector CyT, que buscan un avanzar los sistemas de innovación. Citando algunos ejemplos, cabría destacar el proyecto de innovación para la competitividad realizado en México en el 2005, el proyecto a la ciencia, innovación y competitividad en Uruguay (2006) y Argentina (2007) así como diversos proyectos realizados en el campo de las tecnologías de la información.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)

Desde su inserción en 1945 la UNESCO ha funcionado como un laboratorio de ideas que marca estándares para establecer acuerdos a nivel mundial relativos a los principios éticos incipientes. La Organización también desempeña un papel de centro de intercambio de información y conocimiento. Al mismo tiempo, ayuda a los Estados Miembros en la construcción de sus capacidades humanas e institucionales en sus diferentes ámbitos de actuación.

Dentro del marco de políticas de ciencia, tecnología e innovación la Oficina Regional de UNESCO de Ciencia para América Latina y el Caribe persigue los siguientes objetivos:

1. Apoyar a los centros de investigación científica y programas universitarios de grado y postgrado en Ciencias Básicas e Ingeniería.

2. Contribuir a la mejora y el fortalecimiento de los sistemas nacionales de Ciencia, Tecnología e Innovación en América Latina y el Caribe mediante actividades de apoyo técnico y capacitación en líneas claves como transferencia tecnológica y políticas de innovación.

3. Contribuir al fortalecimiento de las redes regionales y sub-regionales en ciencias básicas, biotecnología, gestión, y políticas orientadas a fortalecer los sistemas nacionales de ciencia, tecnología e innovación la capacidad institucional así como promover el intercambio de conocimiento, información y buenas prácticas de investigación y desarrollo.

4. Promover el desarrollo e implementación de alianzas estratégicas entre entes tales como la Universidad, la Industria, organismos internacionales, etc. que puedan contribuir a mejorar la calidad y productividad de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en la Región.

5. Mejorar la educación y el fortalecimiento de una cultura de la Ciencia en la Región mediante el apoyo a esfuerzos de divulgación e iniciativas de acceso al conocimiento en asociación con redes, asociaciones profesionales, universidades, etc.

Conclusiones

Para las décadas entre los años 50´s y 80´s, los procesos cientificos y tecnológicos en los paises latinoamericanos y del Caribe, han venido soportando las influencias y políticas de los paises desarrollados, principalmente de Estados Unidos y la Unión Europea, los cual lejos de estar interesados en ser solidarios con los pueblos del centro y sur américa, lograron sus objetivos de producir modelos tecnológicos avanzados para sus industrias locales, y vernos como proveedores de materias primas con escasos conocimientos cientificos y tecnológicos, sino más bien como seres del tercer mundo totalmente dependientes de transferencias de tecnologías ya obsoletas para ellos.

Debemos tener presente que la ciencia y la tecnología son motores inequívocos de desarrollo que han de ser cuidados y renovados para que su progreso y aplicación en la sociedad sea efectiva. La evolución histórica en este campo muestra que la innovación tecnológica y la investigación científica se ha concentrado en los países más fuertes económicamente y posteriormente se ha trasladado a países menos desarrollados, no siendo, en muchas de las primeras experiencias, el modelo más óptimo de transferencia de CyT.

Posteriormente, con la ayuda financiera de instituciones supra-gubernamentales y gubernamentales se comenzaron a impulsar las actividades y la cooperación en CyT de una forma más razonable y sostenible. En el momento presente, y atendiendo a las estadísticas, la inversión sigue residiendo mayoritariamente en los países mas boyantes económicamente, en los cuales además, las entes privadas toman más protagonismo a la hora de utilizar recursos financieros propios.

Ya hoy en día luego de haber despertado de la total y absoluta dependencia, se puede decir, que todos los países Latinoamericanos y del Caribe están institucionalizando en mayor o menor medida la innovación científica y tecnológica y poseen consejos y centros que marcan las directrices a seguir en políticas referentes a estos temas.

En los tiempos actuales debe existir coherencia de acción a nivel nacional e internacional en políticas sostenibles de ciencia, tecnología e innovación así como una cooperación que permita una transferencia efectiva. Se debe, de igual manera, evitar la duplicación de competencias en organismos internacionales para así realizar un uso más efectivo de los recursos.

Los marcos conceptuales sobre los que América Latina y el Caribe construyó sus instituciones e instrumentos de política científica y tecnológica durante las décadas de los sesenta y los setenta están siendo revisados y actualizados. Las nuevas estrategias parecen estar mas orientadas, por una parte, a la consolidación de capacidades básicas de I+D, formación de recursos humanos altamente capacitados y generación de una cultura favorable a la difusión de la ciencia y la tecnología a una escala social. Por otra parte, se busca el construir el tejido de relaciones que configuran los “sistemas de innovación”.

Es por ello que una iniciativa como la de crear una estrategia de cooperación sur-sur con el apoyo del centro de Malasia, orientado al fortalecimiento de las capacidades institucionales en políticas de ciencia e innovación resulta relevante y significativo como un apoyo estratégico para ampliar la competitividad de los países de la región a nivel global en lo que concierne a una cultura del conocimiento.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1) Castells, Manuel. (1999). La era de la información: economía, sociedad y cultura. 3 vols., Madrid, Alianza Editorial.

2) De Ferranti D, Perry G., Ferreira F., Walton M. (ed.). (2003). Desigualdad en América Latina y el Caribe: ¿Ruptura con la Historia?, Banco Mundial, México.

3) Informe de la UNESCO. (2002). Ciencia, Tecnología y Desarrollo.

4) OECD y Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva- (2003). SECTIP, Argentina.

5) Ross, Carlos. (2001). Caida y Auge de América Latina.

6) Sábato J.A. y Botana N., (1968) La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina, en Revista de la Integración, INTAL, Buenos Aires.

Referencia Electrónica

http://www.unesco.org.uy/ciencias-naturales/fileadmin/

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